¿Qué está haciendo internet con las mentes de nuestros alumnos y las nuestras propias?

01.12.2012 16:59

 

    ¿Es la página web mejorque el libro tradicional para el aprendizaje? Nicholas Carr sostiene que no en  Superficiales, un ameno libro  que combina un recorrido histórico por la historia de la escritura y los últimos descubrimientos neurológicos sobre la plasticidad del cerebro.

    Partiendo del hecho de que cada nuevo invento en la tecnología de la información ha afectado a nuestras capacidades cognitivas, ya sea aumentandolas o disminuyendolas, el autor sostiene que el hipertexto de las web de internet sobrecargan nuestra memoria a corto plazo haciendo  imposible el pensamiento profundo y el aprendizaje que de él proviene.  Por el contrario, el libro tradicional favorece la concentración, que es la condición fundamental del pensamiento profundo y de la huella que este deja en forma de aprendizaje. 

    Según el autor, el perfeccionamiento de la escritura y la aparición del libro (esto es, la aparición del binomio escritor/lector)  favoreció la aparición de la lectura silenciosa y con ella el desarrollo de la capacidad de concentrarse y abstraerse de la realidad, que es condición del pensamiento lineal y profundo. Un lector se sumerge en la lectura de un libro desde el principio hasta el final a lo largo de cientos de páginas y durante ese proceso entra en íntima comunicación espiritual con el autor tomando prestado, por así decir, su pensamiento, lo que le permite pensar y experimentar emociones que por si mismo nunca pensaría ni experimentaría.

    La lectura silenciosa surgió en la Edad Media y fue privilegio del clero y la nobleza, únicos estamentos que se podían permitir los libros manuscritos de aquella época. Con la invención de la imprenta, la lectura y el pensamiento intelectual profundo se irá democratizando progresivamente hasta el siglo XIX, un siglo marcado por grandes pensadores que escriben no sólo para el público culto capaz de entender sus obras sino también para la posteridad. Sin embargo, la tendencia comienza a cambiar en el siglo XX debido a la aparición de nuevas tecnologías que robarán tiempo a la lectura profunda y que van dirigidos a un público cada vez más amplio y con contenidos de actualidad: el periódico, el fonógrafo, la radio, el cinematógrafo y, por fin, internet. Al dedicar cada vez menos tiempo a la lectura, decada a decada los lectores han ido perdiendo la capacidad de entender y de concentrarse en la alta literatura y han ido desertando de la alta novela hacia formas más ligeras, como el best-seller o hacia los medios audiovisuales, periodísticos y, actualmente, hacia internet.

  La utilidad de internet para encontrar, compartir y almacenar información  está fuera de duda pero la cuestión es si estamos pagando un precio neurológico por una herramienta tan potente. Según Nicholas Carr, la sustitución del hábito de la lectura del libro por el del hipertexto propio de internet, que despliega constantemente invitaciones a desviarnos del tema mediante hipervínculos apetecibles, nos aleja de la lectura profunda. Internet, por lo tanto, nos está haciendo a su imagen, dispersos y superficiales. El propio autor declara que él mismo, un intelectual, ha perdido la capacidad de concentrarse en la lectura de un libro y que se trata de algo bastante generalizado en los ambientes académicos. Llegados a este punto, es inevitable que los profesores pensemos en la reticencia de nuestros alumnos, incluso los de humanidades, a leer libros y su dificultad creciente para entender no ya a los clásicos sino a autores divulgativos perfectamente comprensibles hace unas décadas.

Pero el asunto tiene además implicaciones éticas: si la cultura del libro pertenece a un ideal de hombre que se alcanza lentamente a través de años de estudio y reflexión profunda, Internet responde a una ética industrial de la eficacia, de la rapidez y, también, de la superficialidad. La misma ética que inspira esta nueva Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa que elimina las asignaturas humanísticas o artísticas como si de trastos obsoletos se tratase.

De tener Nicholas Carr razón, sumergirnos en la lectura profunda de un buen libro clásico debe ser el mejor antídoto para no acabar convertidos en cabezas de chorlito muy manipulables.

P.S.: He aquí un interesante artículo acerca de  la plasticidad del cerebro y los beneficios que produce en él la lectura profunda. 

 

P.S.: He aquí un interesante artículo acerca de  la plasticidad del cerebro y los beneficios que produce en él la lectura profunda. 

 
http://m.papelenblanco.com/animacion-a-la-lectura/leer-a-los-clasicos-es-mejor-para-tu-cerebro-que-leer-a-los-contemporaneos

Tema: ¿Qué está haciendo internet con las mentes de nuestros alumnos y las nuestras propias?

John

Smithb248 | 22.07.2014

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